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Mi cuenta, el acceso y los códigos

Mi cuenta es una sola página larga con un índice a la izquierda, en tres grupos: «Tu empresa» (datos, actividad por defecto, credenciales de Hacienda, cuentas bancarias), «Tus datos» (traer de otro sistema, descargar todos tus datos, el archivo del mes —los XML de un mes en un zip— y la bóveda de los sistemas anteriores) y «Tu cuenta» (suscripción, estado, computadoras, avisos y términos). Tocar una sección del índice baja hasta ella.

«Ya hay una cuenta con ese correo»

Al registrarte, el sistema avisa si tu correo ya tiene una cuenta. No es un error: es la tuya. Tres caminos, según lo que te haga falta:

El código de 6 dígitos al entrar por primera vez

Si tu cuenta nació registrándote en línea, la primera entrada pide un código de 6 dígitos que viene en tu correo de bienvenida. Dura 30 minutos y sirve una vez; si se te pasó, en esa misma pantalla está el botón «Pedir otro código». Es la forma de comprobar que el correo es tuyo — y ese correo es la puerta de rescate de tu cuenta, así que vale el minuto.

La primera vez desde un navegador nuevo

Cada vez que entrás desde un navegador que el sistema no conoce —otra computadora, el teléfono, o el mismo Chrome después de borrar las cookies— te llega un código de 6 dígitos al correo, y la pantalla te lo pide después de la contraseña. Lo ponés una vez y ese navegador queda reconocido: ahí no te lo volvemos a pedir. Si tu cuenta tiene la verificación en dos pasos, el código del teléfono hace ese papel y no te llega ningún correo.

El código dura 30 minutos. Si no te llega, revisá el correo no deseado o apretá «Pedir otro código» en esa misma pantalla (sale uno nuevo como mucho cada minuto). Y si te llega un código que vos no pediste, alguien tiene tu contraseña: cambiala ahí mismo desde «¿Problemas para entrar?» → «Olvidé mi contraseña». Cambiarla hace que todos tus navegadores vuelvan a pedir el código la próxima vez (si la cambiás desde Mi cuenta, el navegador donde lo hacés se queda reconocido: ya probó la contraseña vieja y la nueva).

Los navegadores que ya reconocimos los ves en Mi cuenta → «Computadoras y navegadores»: cada uno con su nombre («Chrome en Windows») y desde cuándo, un botón «Olvidar» para el que no sea tuyo, y «Desconfiar de todas» para cuando perdiste una computadora. Ahí mismo están las computadoras que entran con tu PIN.

El código que te llega solo sirve desde el navegador que lo pidió: si alguien lo ve por encima del hombro, no le sirve desde otra computadora. Y si llegan cinco códigos en una hora, el sistema deja de mandar un rato.

La verificación en dos pasos

En una cuenta pagada la verificación en dos pasos es obligatoria: apenas entrás, el sistema te pide activarla antes de dejarte trabajar. Se hace una sola vez, con la aplicación de códigos del teléfono (Google Authenticator, Authy o la que usés), y de ahí en adelante te pide el código de seis dígitos al entrar.

No es un capricho: con tu llave se firman documentos que van a nombre tuyo ante Hacienda. Una contraseña sola no alcanza para eso.

El teléfono se saca una vez por computadora, no una vez por día. La primera vez en un navegador entrás con contraseña más código; ahí mismo podés marcar esa máquina como de confianza y, por 90 días, entrás con el PIN: cuatro dígitos, y al escribir el cuarto entra solo, sin Enter. Mientras no la activés, entrar entrás, pero el sistema no te deja hacer nada: quedás parado en la pantalla que te dice cómo activarla, y son dos minutos.

En la prueba no se te pide, pero la podés activar igual que en una cuenta pagada, desde el menú de tu nombre: la prueba firma ante Hacienda con tu certificado de verdad, y protegerla vale lo mismo. El PIN también se puede poner desde la prueba, aunque no tengás la verificación activa.

Si pedís restablecer la contraseña, la verificación en dos pasos no se apaga: al entrar se te sigue pidiendo el código. Es justo lo que evita que robarse un buzón sea robarse la cuenta.

Entrar con otra cuenta en una computadora con PIN

Si la computadora quedó marcada como de confianza, al abrir el sistema sale la pantalla del PIN de la cuenta de siempre. Para entrar con OTRA cuenta, usá el botón «Entrar con otra cuenta»: abre el formulario completo de correo y contraseña, y ahí escribís la que querás. El PIN de la cuenta de siempre no se pierde — a la próxima vuelve a salir.

Una sola sesión abierta a la vez

Tu cuenta puede estar abierta en un solo navegador a la vez. Si ya estás adentro en una computadora y entrás desde otro navegador —otra computadora, el teléfono, o una ventana de incógnito—, después de la contraseña y de tus códigos de siempre sale el cuadro «Ya tenés una sesión abierta en otro navegador». Te dice cuál es («Chrome en Windows · desde las 9:14 a.m.») y te da dos botones, que se encienden un segundo después de salir el cuadro (para que un doble clic sobre «Entrar» no escoja por vos):

El cuadro dura 5 minutos; si se te pasa, volvés a entrar. Y vale solo en la pestaña donde salió: si la recargás o la cerrás sin escoger, ese aviso ya no sirve —nadie más puede terminar tu entrada— y volvés a poner tu contraseña.

El mismo navegador no lo ve: si lo cerraste y lo volvés a abrir, entrás como siempre. La excepción son las cookies: si las borraste, si tu navegador las borra al cerrarse, o si entrás desde una ventana privada, tu propio navegador cuenta como «otro» y el cuadro sale igual; con «Cerrar la otra y entrar aquí» seguís trabajando. Pasa lo mismo si desde Mi cuenta acabás de olvidar ese navegador o de desconfiar de todas tus computadoras.

Es por cuenta, no por empresa: si llevás varias empresas, te pasás de una a otra con el selector de arriba, sin salir.

Vale igual para todas las cuentas y todos los planes, y para la compu y el teléfono: es la misma cuenta, así que cuentan como dos y una se cierra. Si sos contador y llevás varios clientes, también: una sola sesión, y trabajás en un cliente a la vez.

Si son varias personas las que trabajan a la vez, cada una entra con su propia cuenta: el dueño las agrega en Ajustes → Usuarios. Compartir una misma cuenta entre dos hace que se saquen la una a la otra. Si ya no te quedan usuarios en el plan, escribinos a info@elemacr.com para comprar otro.

Si te sale ese aviso y no fuiste vos —ni nadie con quien compartás la cuenta—, alguien más tiene tu contraseña: cambiala de inmediato desde «¿Problemas para entrar?» → «Olvidé mi contraseña» y escribinos a info@elemacr.com. En la bitácora de la empresa donde estaba abierta esa sesión queda anotado quién la cerró, cuándo y desde qué navegador.

Instalar el Facturador en el teléfono

No hay que bajar nada de una tienda: el Facturador se instala desde la misma página y queda con su ícono en la pantalla de inicio, abriendo como una aplicación.

Instalado sigue ocupando internet, igual que en el navegador: no guarda nada en el teléfono, así que siempre abre la versión al día. Si ya lo tenés instalado, el botón no sale.

Cerrar sesión

Arriba a la derecha, en tu nombre, está «Cerrar sesión». En una computadora de confianza vuelve a aparecer la pantalla del PIN; en las demás, el formulario de correo y contraseña.

La gente de tu empresa y lo que puede hacer cada uno

En Ajustes → Usuarios, el dueño invita a su gente y le da un rol. Cada rol hace lo que le toca, y lo demás no le sale en el menú:

RolQué hace
DueñoTodo, incluidos los usuarios y la configuración.
ColaboradorEl empleado: factura, anula y consulta.
ContadorEl profesional: factura, anula, saca los reportes y ve el historial de los cierres de caja. Además hace todo lo que hace el dueño —pone la llave criptográfica, la configuración y los usuarios, y acepta los términos a nombre de la empresa—, menos dar el rol de dueño o uno que vea datos de pacientes, y cambiar, desactivar o quitar a un dueño. Lo que hace queda en la bitácora a su nombre. Su carné se verifica con el Colegio.
CajeroFactura y cobra, y abre y cierra su caja. No anula, no hace notas de crédito ni ve costos.
BodegaMueve inventario: entradas, ajustes, traslados y conteos. No factura.
ConsultaSolo mira.

El Cajero viene con la caja, en el plan de las tiendas: sin ese plan no sale en la lista. Además de facturar y de cobrar facturas a crédito, hace proformas, crea clientes, reimprime y manda comprobantes por correo. No entra a Gastos, Emitir en lote, Ventas programadas, la configuración, Usuarios ni la Bitácora, y no ve nada de gastos: ni en el Inicio ni en Reportes. Si intenta algo que no le toca, sale «Tu rol (Cajero) no permite esto.» Mirá La caja — abrir, cerrar y cuadrar.

La sucursal de cada persona

Con la caja, el colaborador, el cajero, bodega y consulta trabajan en su sucursal: solo usan las cajas de esa sucursal. El dueño y el contador ven todas. Si la empresa tiene dos o más sucursales, al invitar a alguien o al cambiarle el rol, Usuarios pide la sucursal, y la lista enseña la de cada persona, o «Sin sucursal» si le falta. Con una sola sucursal no se pregunta: queda en esa, y si después se abre otra, esa persona sigue en la primera. Lo mismo pasa con quien no tenía sucursal guardada y con las invitaciones pendientes: al abrir la segunda sucursal, quedan en la que venían usando.

Si a alguien le sale «Todavía no tenés sucursal asignada: pedile al dueño que te la ponga en Ajustes → Usuarios.», le falta la sucursal: el dueño se la pone con el botón Rol de esa persona.

Y si la persona sí tiene sucursal, pero esa sucursal todavía no tiene una caja prendida, en Mi cuenta, en «Tu sucursal y terminal», le sale «Tu sucursal 002 · … todavía no tiene cajas activas: pedile al dueño que le cree una terminal en Ajustes → Sucursales y numeración.» El dueño la crea en esa pantalla, en «Sucursales y terminales». Con una sola caja, en cambio, esa tarjeta no sale en Mi cuenta: no hay nada que escoger, y se factura siempre desde esa.

Los respaldos del sistema que usabas antes

Si antes facturabas con otro programa, Hacienda te exige conservar esos comprobantes cinco años aunque ya no lo usés. En Mi cuenta, en el grupo «Tus datos» —después de «Descargar todos mis datos»—, en «Respaldos de sistemas anteriores», podés subir el respaldo tal como lo sacaste —un zip, un Excel, una base, lo que sea— y EleMa lo guarda por vos, cifrado y en dos discos, hasta la fecha que dice la pantalla: el 31 de diciembre del último año que cubre, más cinco. O hasta que des de baja la cuenta, lo que pase primero: la bóveda sigue el mismo ciclo que el resto de tus datos (60 días de descarga gratis y borrado a los 180), así que si te vas, bajala antes. El mismo ciclo corre cuando la prueba gratis termina sin que pagués un plan: la cuenta queda inactiva desde ese día.

El cupo de la empresa es 200 MB, igual para todas, y un solo archivo puede llenarlo entero; la pantalla dice cuánto llevás usado. Si un archivo no cabe, te lo dice; si de verdad necesitás más espacio, escribinos a info@elemacr.com. Un programa (un .exe, un script) no se acepta: la bóveda es para respaldos de datos.

La bóveda la ve, la sube, la baja y la borra el dueño de la empresa: desde el 10/9/2026 no le sale a los demás. Al bajar un archivo, EleMa comprueba primero que el archivo guardado siga siendo exactamente el que subiste (su huella SHA-256, que también te llega en la descarga); si no calzara, no te lo entrega y te pide que nos avisés. Y borrar no se puede antes de la fecha: el botón aparece cuando el plazo ya se cumplió, y la campana te avisa ese día.

En «Descargar todos mis datos» estos archivos no vienen dentro del zip (pesan demasiado): adentro va la lista con la ruta y la huella de cada uno, y cada archivo se baja aparte con su botón «Bajar».

También podés escribirnos a soporte@elemacr.com.
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